Anécdotas de los estudiantes
LAS CLASES DE
PSICOFISIOLOGIA, CRONICA DE UNA NOTA ANUNCIADA
por Cesar Ruiz Alva
Uno de los cursos
en nuestra carrera de psicología que nos ha demandado más esfuerzo y dedicación
ha sido el que comenzamos al ingresar a los estudios de especialización y dejamos
atrás los de cultura general en los cuales estudiamos durante dos años. Dicho
curso fue el de Psicofisiología dictado por nuestro profesor, el médico-neurólogo
Rodolfo Landa.
Su cuantiosa cantidad de información que nos daba en cada clase y la tan peculiar manera en que la dictaba era muy peculiar. Usaba múltiples tizas de colores y cuando concluía sus dibujos en una parte de la pizarra frontal, se trasladaba a la pizarra lateral donde continuaba con otros dibujos que estaban conectados con el primero, pero que correspondian a otro tracto, debido a un corte sagital que habia realizado del organismo.
Eso nos obligó a organizarnos durante su dictado para los apuntes, de tal manera que algunos de nosotros dibujábamos, otros atendíamos y grabábamos mentalmente la clase mientras que otro de nosotros escribíamos intercalando a la vez con algunos esquemas o dibujos en nuestros cuadernos. Al concluir la clase que era generalmente martes y jueves, nuestro grupo ingresaba a un salón vacío a cotejar el tema dictado. Habíamos formado un grupo de estudio en base a nuestra amistad y motivación. Lo integraban Elena Valenzuela, Frida Landázuri, Norma Bolaños, Rosa Luz Sánchez, después se integró Lucho Benites. La dedicacion y el estudio que le otorgábamos a este curso era intenso. Al salir de ese salón nos trasladábamos cada uno a nuestras casas para volver a revisarlo y reforzar lo aprendido.
Una de las experiencias mas agradables fue la que vivimos después del primer examen de Psicofisiología 1, Recuerdo que nuestro querido profesor Landa empezó a dictar las notas en voz alta. Toda la clase estaba a la expectativa. Con voz sentenciosa empezó diciendo,
-“Hay gran cantidad de desaprobados, les voy a dictar las notas”. Mientras lo hacia escuchabamos notas hasta de 02, 03 y 05. A medida que iba dictándolas algunos nos reíamos, otros con cara de tristeza y/o vergüenza recibían su calificación de forma estoica.
Cuando
dictaba alguna nota aprobada, alguno de los compañeros ubicados en la parte
trasera del salón (sobre todo integrado por el grupo del compañero Raúl Olarte
y otros amigos), aplaudían, algunos otros volteaban el rostro para identificar
al genio que había aprobado el examen a quien nuestro profesor con voz dulce felicitaba.
!Todo nuestro grupo aprobó el examen! Yo recuerdo, que mi nota fue catorce y eso me
motivó a superarme y también a los demas integrantes. Recuerdo que nuestro
compañero Basilio Sifuentes fue el que más destacó, generalmente sus notas eran unas de las mal altas de la clase. !Un capo mi amigo Basilio con
sus notasas!
Como colofón de
esta anécdota lo que llamaría la “cereza del pastel” fue que, para el examen
final nuestro profesor Landa dio la orden de sentarnos dejando una carpeta vacía, para evitar el plagio y la copiandanga, por lo tanto conformó dos grupos enviándonos a cada grupo los cuales eran numerosos a aulas diferentes.
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UNA DESPEDIDA Y EL INICIO DE MI INTERNADO
por ricardo vacca-rodriguez
Además de la literatura a mi me atrajo desde siempre la psicología clínica, (por lo cual asistía como voluntario al hospital Larco Herrera desde primero de facultad). Sin embargo, debido a las diversas actividades desarrolladas dentro de la política estudiantil que me permitió tener contacto con sindicatos y organizaciones de trabajadores en nuestra comunidad, había hecho que me atrajera la psicología social con el objetivo de investigar y modificar sistemas de pensamiento y actitudes en dichas poblaciones. Pero ¿dónde hacer el internado en dicha especialidad? y mas aun con esas pretenciones profesionales.
Los amigos que deseaban
realizar su internado en Industrial igualmente libraban su propia batalla. Recuerdo que nuestro
amigo Arturo Solf (ya fallecido) fue el primero en ingresar a la Compañía de las Empresas Eléctricas
para su internado en industrial y luego el otro compañero que logró vacante fue Dante
Sinisi (tambien fallecido) en la Compañía Peruana de teléfonos. Ellos se convirtieron
posteriormente en parte del primer grupo de psicólogos industriales del país,
después del psicólogo Suarez.
Una alternativa para
la psicología clínica se me presentaba en el hospital psiquiátrico Hermilio
Valdizan en la unidad de alcoholismo y la otra en una ONG que trabajaba en Huaycán
con poblaciones marginales y de escaso recursos. Dicha ONG estaba integrada por un
psicólogo, dos sociólogos y profesores que seguían la orientación de Paulo
Freire. Sin embargo, el mundo siguió girando como también la búsqueda de un
internado que me otorgara mayores expectativas.
Cierto dia nuestra colega de la promoción María Alcántara nos puso en contacto con un psicólogo social, sanmarquino, el Dr. Jorge Carbajal, que era su tío y a la vez director en una organización estatal recién formada y que funcionaba a nivel nacional. El conducía y diseñaba las acciones psicosociales y sociopoliticas que se desarrollaban el sector norte del país (Tumbes-Piura) y hacia allá nos dirigimos. La entrevista inicial para nuestro internado fue en una oficina en Jesus Maria a nuestros colegas que pretendian un internado similar: Adrián Dongo, Marco Palomino y Raúl Olarte, los cuales después de su primera entrevista fueron aceptados de inmediato. Posteriormente en conversaciones con María Alcántara, los colegas Jorge Marchena y Ricardo Vacca, fueron tambien contactados y entrevistados por dicho director, siendo también aceptados. Nuestro internado en el area de Psicologia Social estaba por empezar. Nosotros (Jorge y Ricardo) viajamos un quince de junio de 1972 hacia dicha ciudad. Nuestros tres compañeros ya habían viajado quince días antes y se habían instlado en Piura, alquilado un amplio dormitorio en una casona del centro de la ciudad donde habia vivido sus ultimos dias el ex presidente Luis M. Sanchez Cerro con una de sus amantes, dona Felipa Mundaka de la Serna y Palomino. Como era tradicional en Piura, nuestros amigos de la promoción nos esperaban para darnos la bienvenida con sus pletóricos "potos" (de chica jora por siaca) y sus chifles y un cebiche de caballa. Su amistad nos hacia olvidar por momentos nuestra lejania de la capital.
El viaje lo
hicimos en ómnibus. A la estación de TEPSA (en el Paseo de la Republica, cerca de palacio de juticia) fueron a despedirnos nuestras
familias y la que por aquel tiempo era mi enamorada y ahora convertida en mi esposa,
Sara Sotomayor. Dice aquel vals criollo que "las despedidas son muy tristes" y esta no iba a ser la
excepción. Dejábamos una vida atrás, a nuestras familias, amigos, momentos
gratos que habían calado hondo en nuestro corazón. Por primera vez mi familia y
la Jorge Marchena se conocieron y ambas familias compartieron el dolor de la
despedida de uno de sus integrantes. Ellos no podían detenernos, nosotros éramos como el agua que no se puede
retener entre los dedos y se va inevitablemente en su recorrido indetenible. Por
nuestra parte recién conocíamos aquel sentimiento que aparece en el pecho al
partir. Nosotros nos íbamos y nuestras familias se quedaban, pero quedarse es
también una forma diferente de partir y recién lo descubríamos. Comprendimos de
manera cruel que los hijos no son hijos de nadie, son hijos de la vida y
debíamos partir buscando nuestro propio destino y así lo hicimos.
Nuestro viaje fue inicialmente silencioso, después de un breve trayecto Jorge rompió el silencio y su voz sonó como un vaso que se quiebra diciendome:
- Ricardo, vamos a comenzar otra etapa de nuestra vida, suerte.
A continuación nos dimos la mano y terminamos de llorar en la oscuridad de un ómnibus que conducía muchas vidas, pero dos de ellos (nosotros) estabamos cambiando nuestra vida para siempre. El viaje fue largo. Duró cerca de once a doce horas, pero en esas circunstancias, con la melancolía se hace interminable. El viaje fue de noche, partimos a las 7.30 y nos detuvimos a las dos de la madrugada en algún restaurante del camino. Nuestras madres nos habían preparado sandwishs y café con leche para el camino. Para una madre un hijo así cumpla los 22 años, sigue siendo el muchacho que hay que cuidar porque la madre tiene “más experiencia” y mucho amor que entregar. Y es que las madres han sido dotadas por esa voz dulce que cura la tristeza y con su saliva, el raspón de una caida en bicicleta, un hipo impertinente y la melancolía.
Al llegar a Piura ya amanecía. Su clima cálido nos recibió y de inmediato nos abrazó aquel sol amarillo que se quedó grabado por años en nuestro pecho como una medalla de escolar satisfecho. Cada fin de semana llamábamos a nuestros padres o enamoradas. El escuchar su voz desde el otro lado del teléfono era como beber un refrescante vaso de vida. Fue fácil adaptarnos a Piura a pesar de la nostalgia que nos envolvía y que era más intensa algunas veces sobre todo los fines de semana donde el trabajo desaparece y uno extrana el desayuno familiar la conversacion de nuestros padres, el pan con chicharron con camote del Callao. Esa nostalgia que taladraba el pecho la intentabamos apaciguar con una lagrima que rodaba sorpresiva por nuestra mejilla o una cerveza que adormecia la tristeza... pero no la mataba.
Cierto dia mediante un memorándum del director me comunicó mi traslado como jefe del equipo de la oficina local de Talara y entonces… pero esa ya es otra historia.
Jorge Marchena y Ricardo Vacca en un descanso en horas del internado después de almorzar en una picantería de Castilla
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RECORDANDO A
CARLOS REYES MEZA
por Héctor Hugo Sánchez Carlessi, Psicologo, promocion 70 UNMSM
Quien le escribe
estas líneas pertenece a la promoción 1965-1970, de la Carrera de Psicología,
de la UNMSM. Deseo hacer una breve
semblanza de mi entrañable amigo y colega Carlos Reyes. Corría el año 70, y yo
era por aquel tiempo ayudante de Prácticas de los cursos de Teoría del
Aprendizaje y Psicología del Pensamiento y Lenguaje, a cargo de nuestro
recordado maestro Raúl González Moreyra. Por aquel tiempo conocí a Carlos Reyes
Meza, que se iniciaba también como ayudante de prácticas del curso de Teoría del
Aprendizaje. Por esos años iniciamos los trabajos experimentales bajo la
conducción de nuestro Maestro González. En aquel año también me enteré que
Carlos formaba parte del NUCCIC, núcleo de investigaciones dirigido por mi
condiscípulo José Anicama Gómez.
Recuerdo que, como miembros de este Núcleo, además de Carlos, lo
integraban: María Alcántara, Julio Inga
y César Von.
Posteriormente ya en el año 1971 y siempre a cargo de las prácticas de los referidos cursos, Carlos mostró mucha empatía conmigo. Era muy interesado en el trabajo académico, Una de sus facetas fue que era autodidacta, le gustaba traducir libros en especial que le recomendaba Raúl, del inglés al castellano, pero más le agradaba traducirlos del portugués. Raúl lo estimaba mucho a Carlos, tanto es así que fue su padrino de matrimonio. Con el transcurrir de los años Carlos se aproximó mucho a Adrián Dongo quien siempre le consultaba sobre libros en portugués.
En el año 1972
siendo yo profesor Jefe Prácticas regular de la UNMSM, hacía el mes de octubre
de dicho año, regresaba de la Universidad de Tacna en donde había permanecido
dos meses como profesor auxiliar acompañando al Dr. Reynaldo Alarcón, fui
invitado a participar en el entonces Instituto Nacional de Capacitación y
Perfeccionamiento Magisterial (INCPM) que dirigía el Dr. Raúl González Moreyra
y cuya sede estaba en el segundo piso del Colegio Guadalupe. El instituto estaba dedicado a capacitar a
los profesores re entrenadores de la naciente Reforma Educativa Peruana. Aquí nos volvimos a encontrar con Carlos
Reyes, María Alcántara, José Anicama y Luis Palomino. Nuestra relación se
volvió más cercana con Carlos siempre interesado en lo académico, en la
investigación y en las traducciones. Por aquella época también comenzó a
interesarse por la estadística y el procesamiento de los datos en la
investigación.
En el año 1973 el INCPM se convierte en el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo de la Educación (INIDE) y nos trasladamos a la Av. Uruguay en un edificio casi en ruinas. Por aquellos años ya habíamos logrado algunas publicaciones como psicólogos investigadores en el campo de la educación. Prácticamente todo nuestro equipo de Psicólogos formó parte de la subdirección de investigaciones educacionales del INIDE. La gran mayoría pertenecíamos a la UNMSM. Mi relación con Carlos se estrechó pues participábamos constantemente en exposiciones y conferencias en torno a la Investigaciones, las cuales estaban dirigidas a los docentes participantes de la Reforma Educativa.
En los años
siguientes, Carlos contrajo nupcias con Amanda Ledesma, por ese entonces
estudiante de Medicina de San Fernando.
Tuve oportunidad de estar presente en su matrimonio el cual fue muy
concurrido. Mi relación con Carlos se incrementó con la presencia de Amanda,
gran amiga, y más aún cuando nace su hija Yael.
Por el año 1975,
con el INIDE ya trasladado a San Borja, al salir de nuestra jornada laboral,
por las tardes, con Carlos solíamos regresar por la misma ruta ya que él vivía
en la avenida Arica (Breña) y yo en la Urb. Elio. Durante nuestro trayecto eran incansables
nuestras conversaciones referentes a temas académicos y los fines de semana no
faltaba las reuniones de esparcimiento de rigor en donde compartíamos algunas
cervezas, jugábamos “Callao” y saboreábamos algunos anticuchos. Solían
participar en nuestras reuniones nuestros amigos los psicólogos: Víctor
Salazar, Francisco Amaya, Gilbert Oyarce y Eleodoro Aranda.
Carlos siempre
fue una persona sencilla, modesta, condescendiente y ameno y con el cual la empatía
fue grande a pesar de que pertenecíamos a diferentes lugares, él era natural de
Huánuco y yo soy chalaco de nacimiento.
Un “hobby” de Carlos era ser “Gallero”. Me narraba que él mismo criaba gallos de pelea sobre todo de navaja y los fines de semana solía asistir a las peleas de gallos que se daban en determinados lugares de Lima y que él conocía muy bien, (aparte del Coliseo de Gallos Sandia del Centro de Lima). Algunas veces los fines de semana lo encontraba por la calle con su costal al hombro en el que transportaba sus gallos para hacerlos pelear. El gusto por los gallos venía de familia y tengo entendido que esta afición la mantuvo hasta que falleció.
Iniciados los 80 ambos formábamos parte del equipo casi permanente que participaba en cursos y conferencias de capacitación dirigido a los docentes. Recuerdo que, en el 82, a solicitud de los coordinadores, los dos fuimos expositores de un curso de investigación que duró de lunes a sábado, que se realizó en el Colegio Militar Leoncio Prado. Al curso asistieron cerca de 100 docentes provenientes de todas las regiones del Perú. Un simpático anécdota que ocurrió en aquel curso fue que tanto les agrado que dos días antes que culmine sus representantes prácticamente nos “conminaron” para que hiciéramos una publicación sobre lo que habíamos expuestos, con el compromiso que ellos nos iban a pagar el precio de cada impreso. Recuerdo que trabajamos día y noche con Carlos para sacar nuestra primera publicación de un texto de metodología de la investigación. Esta publicación fue a mimeógrafo, con cerca de 90 páginas y de manera rústica le pusimos un lomo de papel tipo cuerina o algo así y de esa manera obtuvieron nuestra primera publicación sobre investigación. Muchos años después ya en el siglo XXI en algún lugar del Perú, creo que fue en Huancayo, un profesor universitario me saco de su biblioteca personal dicha publicación impresa a mimeógrafo, acto que me emocionó mucho.
Para el año 1983 nos propusimos mejorar el texto que publicamos con Carlos y logramos imprimir una versión con más páginas en offset, pero con cartoncillo y tipeado a máquina, tamaño oficio. Fue la primera versión del libro “Metodología y Diseños en la Investigación científica” que comenzó a circular por los ambientes del Ministerio de Educación, a tal punto que mediante una directiva Directoral se reprodujo el texto para todos los institutos pedagógicos del Perú, como modelo ya que se presentaba en los capítulos finales un modelo de proyecto de investigación, un modelo de informe de tesis y un informe de investigación siguiendo el estilo APA.
En el año1984
aprovechando facilidades para publicar libros que nos otorgaba el INIDE,
hicimos nuestra primera publicación del libro “Metodología y Diseños en la
investigación Científica”, impreso en papel obra y en Linotipo o tipografía,
empleando como material el plomo para preparar cada hoja en tipografía. Dado el
bajo costo del trabajo y del papel, logramos hacer un tiraje de 2000
ejemplares, los cuales se difundieron rápidamente. Esta publicación ya acabada
nos prologó el Dr. Raúl González Moreyra, lo cual nos motivó mucho para seguir
publicando. En los años siguientes hubo que reimprimir ya en offset y
posteriormente cada cierto tiempo logramos nuevas ediciones que incrementaban y
actualizaban los contenidos sobre aspectos metodológicos de la investigación.
En el año 1987 me
retiré definitivamente del INIDE dedicándome a la docencia en San Marcos eso
motivó a que nos viéramos ocasionalmente con Carlos. Por los años 1989-90 que
se creó la Unidad de Posgrado de Psicología y fui designado Director de la
Unidad de Post Grado, siendo Carlos uno de los primeros alumnos en inscribirse para seguir la maestría en
Psicología y en el que participaron destacados
psicólogos que hoy dan prestigio a nuestra Alma Mater.
Ya en el siglo
XXI, ocasionalmente nos reuníamos con Carlos por motivos sobre todo de trabajo
que tanto a él como a mi nos absorbían sobre manera. La última vez que platiqué
con Carlos fue antes de la pandemia. Lo observé muy desmejorado, el
fallecimiento de su esposa Amanda le había afectado mucho. Compensaba esa
enorme perdida el orgullo que sentía por su hija Yael y de su nieta pues ambas
continuaban el camino que inicio su esposa Amanda en su interés por la
medicina. En la actualidad Yael logro graduarse especializándose en el campo de
la urología y su nieta sigue el mismo derrotero.
Me impactó mucho su fallecimiento el 28 de agosto del año 2022. A su velorio asistimos algunos de sus amigos del INIDE y de San Marcos. Siempre recordaremos a Carlos, persona buena, modesta y bonachona muy entregado a servirte cuando se trataba de temas académicos.
Gracias Carlos por haber sido tu amigo.
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Sencillamente EXTRAORDINARIO, la forma como relata Ricardo nuestro inicio de la experiencia que tuvimos y la sigo teniendo en Piura. Un abrazo mi estimado amigo Ricardo. Felicitaciones por tu mensje.
ResponderBorrarJorge gracias por tu comentario. Al narrarlo me trajo a la memoria imagenes de aquella noche inolvidable donde dabamos vuelta a una pagina de nuestra vida. Diria mejor, cerrabamos un cuaderno para abrir otro done escribiriamos junto a nuestros amigos de aventura Raul Olarte, Marco Palomino y Adrian Dongo historias y vivencias, donde para nosotros, todo era posible: hasta casarnos. jajajaja. un abrazo Bro. y gracias por estar aun alli, ese rincon del corazon que se llama amistad.
ResponderBorrarGracias Ricardo por pintar con tu pluma las vivencias comentadas contigo sobre lo vivido por mi grupo en el curso de Psicofisiología. RECORDAR...ES VOLVER A VIVIR.
ResponderBorrarCesar: gracias por concederme esa oportundad. un abrazo.
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